Acedia


El silencio es el llanto más ruidoso que tengo. Mis gritos y lágrimas no son mis formas de alzar la voz, para que entiendas que estoy mal. Son mis momentos silenciosos... cuando me alejo... mis mensajes se vuelven más cortos, dejo de decir buenas noches o de despedirme con una sonrisa. Creo espacios vacíos en las conversaciones, que antes estaban llenos de anécdotas de lo que hacía, las cosas que me gustan y risas. 

Mi silencio no significa que deje de amar, querer o desinterés. Solo me canse de repetirme a misma lo que soy, cansada de no ser escuchada. No pido mucho, solo que me vean, me entiendan y me amen de la misma forma que lo hago. Mi corazón se siente descuidado, mis esfuerzos invisibles... me cierro, y empieza ese silencio. Es mi señal de dolor más grande. 

Ese dolor, no está en mis palabras, está en esa forma de retirarme, ausentarme y cerrarme, para protegerme a misma. Soy una persona, tengo un corazón... e intento proteger lo que queda de él. 

Intento pelear sola, y siempre es una mala idea... 

Tengo la esperanza que se den cuenta, antes de que sea demasiado tarde, no me empujen al abismo. 

 

Cuando me miro en el espejo, veo a una mujer envejecida, una mujer cuyo rostro lleva grabados hitos de dolor. 
Una mujer que ni siquiera se parece a sí misma. 
Una mujer que se deja estar, como si ya hubiera sido derrotada. 
Una mujer que no le importa lucir lo mejor posible. 

Cuando me miro en el espejo, veo a una mujer fea de adentro hacia afuera. 
Una mujer que dejó que la Depresión Bipolar se adueñara de su alma hermosa, volviéndola negra. 
Su rostro no muestra emoción alguna, jamás verás en ella una sonrisa. 
Está sola, asustada y encerrada. 

Cuando me miro en el espejo, veo a una mujer cuya felicidad se ha drenado, como el color que abandona un cuerpo en el instante de la muerte. 
Cuando observo su cara, veo tristeza, sin ganas de vivir, sin fuerzas para luchar. 

Cuando me miro en el espejo… me veo a mí. 


 

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