Kaiho
Hoy escribo desde un lugar donde casi nadie llega. No porque esté lejos, sino porque vos aprendiste, con los años, a cerrar las puertas desde adentro. Pero, aunque te encierres tanto, pude verte. No la versión que camina con la cabeza baja, ni la que se disculpa una y otra vez por existir, ni tampoco esa que se esconde detrás de risas o emojis felices para no incomodar. Yo vi el corazón que late detrás de tus muros, ese que se fue cubriendo de piedras, talladas por las decepciones que viviste. Creo que construiste esos muros por el cansancio que sentís.