La muerte… es algo complicado, ¿no? No porque sea un misterio, sino porque llega cuando ya no tenés fuerzas para discutirle nada. A esta altura, la mente no intenta entenderla, solo la tolera, como una vieja herida.
Fue un año difícil, cargado de emociones positivas y negativas. Parecía que progresaba más de lo que retrocedía; intenté hacer bien todo lo que pude, seguí consejos y traté de no apartarme de ese camino guía que me pusieron. Pero… sí… iba a suceder de nuevo, sin aviso y de forma inesperada. Una vez más, mi cerebro dijo basta.