Insomne




Fue un año difícil, cargado de emociones positivas y negativas. Parecía que progresaba más de lo que retrocedía; intenté hacer bien todo lo que pude, seguí consejos y traté de no apartarme de ese camino guía que me pusieron. Pero… sí… iba a suceder de nuevo, sin aviso y de forma inesperada. Una vez más, mi cerebro dijo basta. 

A decir verdad, creo que no quería morir, o mejor dicho, no tenía un deseo de muerte. Es el agotamiento existencial: no quiero morir… pero tampoco quiero vivir así para siempre. 

Duele mucho cuando todo se reduce a frases como “tomá las pastillas” o “pedí ayuda”. Ya estoy cansada de que me vigilen, de no poder hacer las cosas por mis propios medios, dormir con miedo, lastimar tanto a los demás y, lo más importante, no poder confiar en mi propia mente. 

Tenía un pacto de sangre, por así decirlo, con mi medicación. Si las tomo, tal vez no vuelva a perder lo que pude construir; y si no las tomo, sé exactamente cómo voy a terminar. Al final, resultó una porquería: me comporté e hice buena letra, pero volvió a suceder. No había llanto ni aviso previo, solo sucedió ese día de agosto. Me levanté después de estar tirada cuatro días seguidos en la cama. Me miré al espejo mientras escuchaba esas voces de mierda, que repiten una y otra vez esos comandos de voz estúpidos, pero que para mí tenían sentido en ese momento… no más, basta de vivir así. Mi cuerpo se movía casi solo y no dudé ni por un segundo que eso que estaba por hacer era lo correcto. No es agradable la sensación de ahorcamiento. Hasta donde sé hice mucho ruido y, por “suerte”, mi ángel guardián que más bien es un demonio lleno de azufre me salvó de esas garras oscuras. 

“Otra vez, Constanza… OTRA VEZ…”. Eso fue lo primero que escuché al día siguiente. Desde el momento en que intenté ahorcarme no recuerdo nada, solo la sensación de presión en los ojos. 

Retrocedí de nuevo al 2023; ya no saben qué hacer conmigo. Lógicamente, me internaron en ese horrible neuropsiquiátrico, donde iba a pasar más de tres meses encerrada. 

Creo que la frase correcta para usar sería: me contuvieron para no morir. Dormí durante días, totalmente sedada y sin siquiera saber por qué estaba ahí. En ese momento no entendía bien lo que me estaba pasando, pero sí tenía claro que odio con toda mi fuerza a los médicos o, como me gusta llamarlos a mí, los idiotas de batas blancas. 

Admito que no me porté bien en ese momento; fui muy complicada, hasta tenía un pequeño plan para escaparme. Obviamente solo funcionaba en mi cabeza, y las voces que me hablaban estaban equivocadas, aunque para mí eran como consejeros de la verdad y, como si fuera poco, hasta me celebraban. 

Una vez más, debía afrontar la vergüenza por intentar y no llegar a hacerlo. Dar explicaciones a personas que francamente me interesan poco. 

Esta vez me tocó estar sola; no había nadie que me acompañe, a excepción de Maru. Ya no queda absolutamente nadie de mi vida pasada. En parte fui yo misma la que se encargó de que esto sucediera, y está bien. Si hay algo que tengo muy claro es que esto que tengo aleja a todos, así como un día están, al otro desaparecen y nunca más vuelvo a verlos. Al no poder convivir con este demonio en mi cabeza, me resulta imposible formar vínculos. Siempre intento que sea a la distancia y con muchos mecanismos de seguridad; ya no quiero cargar con mis problemas a los demás. Decidí proteger lo poco que me queda y mantener la distancia hasta que Dios quiera llevarme. Mi fin es llegar al final de la carretera acompañada a lo lejos, pero sola de cerca. Francamente, ya agoté todas mis instancias de ingenuidad y fantasías. 

Esto va a volver a suceder y no se puede hacer nada al respecto. En alguna ocasión voy a tener éxito y me gustaría que el daño que deje detrás sea el menos explosivo posible. 

Cada ataque que me da, cada brote que tengo, cada voz que escucho destruye mi cerebro de a poco. Así lo dicen los imbéciles de bata blanca, Y yo lo siento en lo profundo de mi cuerpo; cada día es peor y debo aceptar que así es, para tener un poquito de disfrute en las pequeñas cosas que logre. 

El último mes que estuve encerrada pasé el día armando rompecabezas, ordenando y escribiendo cosas. Era lo único que podía hacer; solo faltó la convivencia con otras “personas”, pero eso no iba a pasar en ese momento. Una limitación a la vez me dijo Maru, y bueno… hasta jugué con plastilina. Suena gracioso, pero la verdad es que me sentía una idiota de diez años, a la cual le debían explicar qué está bien y qué está mal. 

Por último, había llegado el momento de aceptar lo que había hecho. Debía hablar y contar cómo me sentía y cómo había llegado a esa resolución. Destruí mi cuello de nuevo, y las marcas no se van a ir en una buena cantidad de años. Hasta debo cuidarme de la gripe común, porque puede traerme complicaciones “letales”. La verdad es que esta vez tengo mucho miedo de las secuelas; no son un chiste. En un principio no me interesaban, pero si sigo estando en esta vida van a ser graves. Puede que a largo plazo tenga pérdida de memoria, y a corto plazo mal funcionamiento en mi parte respiratoria, fibrosis y micro desgarros que marcaron para siempre mi capacidad de comunicarme. Algunas puedo tratarlas y otras son permanentes; esto me da mucho miedo y unas ganas de romper todo. Ya no sé qué más voy a perder en el futuro. 

Al terminar de aceptar todas estas cosas, me preparé para salir de ese infierno. Pero no me iban a dar el alta tan fácil, claro que no. PORQUE TENGO CIERTA GUARDIANA LEGAL QUE ME TIENE PODRIDA………………… 

Voy a poder salir vigilada, dos o tres días a la semana. En otras palabras, voy a poder volver a dormir en mi cama, aunque sea por unos días a la semana, hasta que vean que soy capaz de vestirme sola, bañarme y reaccionar a las responsabilidades básicas. Pero si por alguna razón vuelvo a recaer, me vuelven a encerrar, y tengo la sensación de que va a suceder. No tengo muchas emociones hoy; solo quería contar lo que me pasó estos meses. También tengo la sensación de que nada me importa ya, solo quiero ver películas y estar en la compu como antes. Que me dejen tranquila un rato, poder volver a reír, aunque sea por un momento. Tengo mucho enojo, frustración y tristeza, no sé como seguir. 

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