Búsulás


Qué increíble encontrarte acá, en serio, me resulta algo extraño. ¿A quién más iban a enviar? 

Sé que venís de muy lejos y que ya estás listo para ponerte a trabajar, pero lo único que te pido es que esperes. Espera por un momento y escúchame, porque esto no es un brote, ni una recaída, ni otro de mis fracasos. Intenta hacer de cuenta por un segundo que esto no es un delirio, porque realmente no es solo locura. 

Hace dos semanas salí de un gran edificio, ¿se entiende? Iba corriendo por una enorme avenida, a lo lejos había un auto esperándome, tenía exactamente 38 minutos para llegar al aeropuerto y venía dictando a toda prisa. Al lado mío corría una de las sombras del éter griego, completamente aterrada, anotando en una libreta, cuando de golpe empieza a gritar. Ahí me di cuenta de que estábamos paradas en medio de la calle. El semáforo había cambiado y se nos venía encima una pared de vehículos, un caos de tránsito absoluto, directo hacia nosotras. Y yo... me congelé, no me podía mover. 

En ese instante me invadió una sensación abrumadora, como si estuviera cubierta por una capa de algo. La tenía en el pelo, en la cara... era como un barniz, una película viscosa. Al principio me dije a mi misma "Dios mío, ya sé qué es esto. Es líquido cm un líquido amniótico. Estoy empapada en una supuesta placenta, acabo de renacer". Pero después, con todo ese caos, la estampida, los autos, los camiones, las bocinas, los gritos de esa sombra al lado mío, recapacité y dije, "No, esto no es un renacimiento. Esto es esa ilusión delirante de renovación que te atrapa justo en los últimos segundos antes de morir". 

Y ahí comprendí que estaba totalmente equivocada. Miré hacia atrás, hacia el edificio, y tuve el momento de claridad más impresionante de mi vida. Había salido del centro mismo de las entrañas de un organismo cuya única función es excretar el veneno, las armas y los químicos necesarios para que otros monstruos más grandes y poderosos destruyan el milagro de la humanidad. Y que yo había estado cubierta por esa pátina de miseria durante la mejor parte de mi vida. Quitarme ese olor infecto y esa mancha, con suerte, me va a llevar el resto de los años que me queden. 

¿Y sabés qué hice? Respiré hondo, intenté purificarme por dentro y dejé esa idea a un lado. La postergué. Me dije a mí misma: "Por más claro que sea esto, por más potente que se sienta, por más real que sea lo que creo haber presenciado hoy, tiene que esperar. Tiene que pasar la prueba del tiempo". 




 

Entradas populares de este blog

Sinfonía agridulce

Géminis