Miligramos
Son diminutas. Ridículamente pequeñas para lo que supuestamente deben contener. La calma. El sueño. La "prudencia". Mi capacidad de incendiar una habitación en un mal día. Esa distancia que generan entre mis emociones extremas y las consecuencias de las mismas. Mi vida reducida a unos cuantos miligramos que caben en la palma de mi mano.
Nunca falta ese momento en el día donde estoy acostada y miro esa mesa de noche donde están ellas. En pequeños frascos y cajas. Algunas con etiquetas con mi nombre. Sé perfectamente qué nombre tienen, para qué sirven y cuánto tardan en hacer efecto. Estas por la mañana, estas otras a la tarde y, finalmente, estas a la noche.
Hace años que vengo rebelándome contra ellas. Cuando las veo, lo primero que pienso es "VENENO". Mi mente está dividida en dos personalidades que, a la vez, cada mitad tiene sus mini personalidades. Ninguna de estas está en desacuerdo con lo que pienso. Tal vez esa parte feliz mía tardó un poco más en darse cuenta, pero lo llegó a hacer.
Fueron muchas las ocasiones donde dejé de tomarlas. Momentos donde me sentí libre, aunque las consecuencias fueron graves para mi salud, sin mencionar para las personas cercanas. Nadie va a sacar de mi cabeza esta idea... la idea de una vida a mi modo, por más que sea corta.
Todavía me queda un sello que romper, ese que impide que me libere por completo. A este sello le puse un nombre que tal vez es un poco largo, pero le queda bien. Se llama: "Las tomo para que nadie tenga que preguntarse qué hacer conmigo cuando mi cabeza empieza a degenerarse. Cuando me comporto como si el tiempo me estuviera persiguiendo a toda velocidad. Cuando veo cosas y voces que me empujan al abismo."
¿Ven? Les dije que es un nombre largo, pero bonito. Cumplen esa función, la de evitar que el mundo exterior tenga que asistir al derrumbe posterior de mis ataques y neurosis. El derrumbe que deja un silencio pesado por semanas o meses, y ni siquiera levantar un vaso de agua parece justificar el esfuerzo.
Es una violencia extraña esta, la de tener que modificar mi equilibrio químico para tranquilizar el corazón de quienes me quieren.
"Euu, Cuki, tomá las pastillas, no te olvides". Una frase que puede ser tierna, pero también puede contener miedo. A veces ambas cosas son exactamente lo mismo.
Tomá las pastillas para dormir.
Tomá las pastillas para estar más tranquila.
Tomá las pastillas para mantener a raya a las sombras.
Tomá las pastillas para no desaparecer durante días detrás de una puerta cerrada.
Tomá las pastillas para que PODAMOS ESTAR TRANQUILOS/AS.
¿Y yo? Sí, las tomo.
Trago todo ese veneno con agua o Coca-Cola, dependiendo de mi humor. Es como participar en una ceremonia secreta donde ofrezco pequeñas partes de mí a cambio de permanecer en el mundo de los demás.
Tal vez esa será la palabra más jodida de todas... PERMANECER.
Clasificada.
Dosificada.
Vigilada.
El veneno es una tragedia bastante invisible.
Hay algo pequeñito que casi nadie sabe... y nunca lo tienen en cuenta a la hora de eyectar sus palabras que parecen órdenes. Lean lo que les voy a decir... La dosis útil está muy cerca de la dosis tóxica, tal vez sabiendo esto, entienden un poco mejor la situación.
